UN HEROE CASI ANÓNIMO, FILOMENO SÁNCHEZ RUBIO

11.10.2015 15:56

Filomeno Sánchez Rubio
Héroe y Caballero Cubierto


Cuando en 1928 el rey Alfonso XIII acudió a Guadalupe el día 11 de octubre, para asistir al día siguiente al acto de la Coronación de la Virgen, en las escaleras del atrio que precede a la entrada a la Basílica esperaban al rey, que llegaba en automóvil, un gran número de personalidades políticas, militares, judiciales, eclesiásticas y personas destacadas de toda Extremadura, aparte de varios ministros y de todo el pueblo de Guadalupe que se congregaba para ver y vitorear al rey.

Entre las autoridades estaba el alcalde de la puebla y, a su lado, vestido con una humilde chambra azul y pantalones de pana limpios pero viejos, zapatos de cuero y manoseando nervioso un raído sombrero de paño, con una medalla en el pecho, se encontraba el guadalupense Filomeno Sánchez Rubio, un hombre humilde y reservado.


El rey saludó una tras otra a las distintas personalidades que permanecían en fila, descubiertos y en posición respetuosa. Cuando se acercó y vio en la fila de autoridades a aquel hombrecillo menudo, de aspecto enjuto y con atuendo de anticuado labriego se mostró inicialmente sorprendido, pero al reparar en la condecoración que en forma de medalla pendía de su pecho, la Gran Cruz Laureada de San Fernando por méritos de guerra, que el propio rey no poseía, dio un respingo, se cuadró, hizo un sonoro taconazo, se llevó la mano a la visera de la gorra saludándole militarmente, dando un paso atrás se descubrió y quitándose los guantes le tendió la mano a don Filomeno Sánchez ante la atónita mirada de todos.

El alcalde hizo la oportuna presentación y expuso al rey los méritos del guadalupense y le aclaró que aparte de la Laureada ostentaba el título de Caballero Cubierto, que le atribuía la facultad de no descubrirse ante nadie, ni siquiera ante el rey de España, aunque el interesado por su sencillez y su respetuosidad tenía el sombrero entre las manos. A continuación, el rey tomó la prenda y la colocó en la cabeza de Filomeno, ante la presencia de todo el pueblo allí congregado.

Llamó su majestad a todos los más importantes militares que asistían al acto y les fue presentando a Filomeno Sánchez. Seguidamente se produjo un desfile de las tropas que a fin de rendir honores al rey estaban dispuestas, durante el cual el soberano al presidirlo estuvo acompañado de los jefes militares y del propio laureado Filomeno. 

Al día siguiente, el histórico día 12 de octubre de 1928, en que la Virgen de Guadalupe fue coronada como "Hispaniorum Regina" (Reina de la Hispanidad),  Filomeno tuvo el privilegio y el honor de desfilar con paso marcial junto a la bandera de España, al lado del oficial que la portaba.


Su historia es la de un hombre bueno y sencillo, menudo de estatura, que nació y vivió en Guadalupe, dedicado siempre a tareas agrícolas. Estaba casado y no tenía hijos.

Como soldado del Batallón "Arapiles nº 11", fue condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando de II clase, por Real Orden de 23 de febrero de 1899 (Diario Oficial del Ministerio de la Guerra nº 43/1899), por méritos de guerra, en la de Cuba, por su acción en el sitio llamado "Asiento de Mabuya" el día 7 de julio de 1.897.


El relator explica que nuestras fuerzas se lanzaban impetuosamente a recuperar unas posiciones que el enemigo había tomado, siendo constante y sucesivamente rechazadas con enormes bajas y pérdidas humanas, por la contundencia de los ocupantes. Filomeno se dirigió a sus superiores y, aunque era un simple soldado, pidió que se le autorizara dirigir una acción para tomar el sitio, solicitando que se le dotara de cinco soldados escogidos por él. Así se le concedió, sin muchas esperanzas en los resultados, dadas las dificultades ya comprobadas y sufridas, y su falta de experiencia en dirigir tropas.

Se destacó por su bravura en aquel hecho de armas, consiguiendo para las fuerzas españolas el fin propuesto, siendo el primero en coronar una trinchera enemiga que estaba apoyada en sus flancos por acantilados inaccesibles y que era defendida por gran número de insurrectos. Destacó igualmente en cuantas acciones siguieron en la campaña.


Legó testamentariamente al tesoro de la Virgen de Guadalupe su medalla, la máxima condecoración que España concede a sus héroes.


Como anécdota curiosa cabe señalar que al finalizar la guerra civil española, en 1939, Filomeno Sánchez tuvo que desplazarse a Madrid, como infante y miembro activo de la Real Orden de San Fernando, a fin de dar su aprobación y rubricar la concesión de la Cruz Laureada al general Franco.

Nuestro recuerdo y el reconocimiento debido a este extremeño, un heroe casi desconocido.

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