SEMBLANZA DE UNA ACTIVACIÓN COMO RESERVISTA

12.11.2018 11:08

                                                                                                                                    

A veces la Historia acostumbrada a moverse entre libros y memorias, nos abre sus viejas puertas y nos muestra con orgullo sus piedras llenas de siglos de vida, de palabras y silencios, de brillos y miserias. A veces nuestros pasos resuenan junto al eco de otros que dejaron su impronta entre esos viejos sillares y así, casi de soslayo, cruzamos el umbral que separa pasado y presente, para sentimos espectadores privilegiados de otra época. Este es el sentimiento que de nuevo me ha embargado este mes de octubre cuando he pisado, una vez más, el zaguán del Palacio Real de Valladolid para cumplir con mi activación como reservista voluntaria, en un entorno decididamente privilegiado. Una oportunidad que como siempre disfruto a medio camino entre la ilusión y el desafío de sentirme permanentemente novata.

 

                                                              

 

Realmente no es fácil vestir el uniforme militar con rigor y naturalidad cuando lo haces, con suerte, un mes al año. Tampoco es fácil sortear los rituales y rutinas castrenses cuando eres un eterno aprendiz de modos y maneras y sin embargo el compañerismo, elemento esencial del oficio militar me hizo fácil la integración en este entramado mimetizado.

 
El modelo actual de activación, muy reducido en tiempo, hace inviable una integración efectiva en la dinámica de la unidad, ya que no permite el aprendizaje de los sistemas habituales de trabajo. Esto, al menos en mi caso, supuso un esfuerzo suplementario por parte de mi Teniente Coronel para encontrar un cometido que me permitiera cumplir un objetivo útil. No obstante, el mando consciente de las limitaciones que supone este modelo de activación, se propuso como objetivo integrarme en las actividades que la Unidad tenia planeadas a lo largo de este mes. Y así acudí a una marcha, en el término de Medina del Campo, como actividad de instrucción y adiestramiento, acompañé a los responsables de realizar una inspección de calidad de vida en la Base Conde de Gazola de León, lo que me permitió conocer una de las muchas unidades que dependen orgánicamente de la IV SUIGE, y observar como se comprueba in situ las necesidades de sus instalaciones de vida y funcionamiento, para implementar las mejoras necesarias.Y por último estuve comisionada en actos institucionales  como la celebración de la Patrona de Intendencia que tuvo lugar en el propio Palacio, un izado y un arriado solemne, la celebración del día de la USBA en la Base Cid Campeador de Burgos y una jura de bandera para civiles en Peñafiel.
 
Estas actividades han sido especialmente apreciadas por mi, en tanto que me han permitido participar en los actos de caracter militar especialmente significativos para los reservistas voluntarios. Para nosotros, civiles siempre dispuestos a poner nuestas capacidades profesionales al servicio del ejército, supone un orgullo sentirnos participes del colectivo militar, y por ello apreciamos tanto nuestra participación en los actos que le son propios.
 
Pero si hay algo especialmente destacable en esta activación ha sido su aspecto humano. Durante este mes he seguido comprobando que el mejor activo de las Fuerzas Armadas son su gente. Bisoños y veteranos, sin distinción de empleo han conseguido hacerme sentir en casa, aunque estuviese de paso. Siempre he encontrado un gesto amable, una sonrisa sincera, una respuesta concisa a mis preguntas a veces triviales y una conversación integradora. Han hecho más fácil mi día a día y han hecho bueno el poema de Calderón:
Aquí, en fin, la cortesía,
el buen trato, la verdad,
la firmeza, la lealtad,
el honor, la bizarría,
el crédito, la opinión,
la constancia y la paciencia
constituyen el denominador común de todos los compañeros con los que de forma puntual o reiterada he tenido el placer de compartir mi mes de activación.
 
Después de despedirme observé por última vez al claustro que rodea al patio, roto hoy su silencio por las alegres voces de una visita infantil. De nuevo pasado y presente tomaban contacto al amparo de estos muros testigos de una parte de la Historia de España, y entre los que hoy el ejército español desempeña algunas de sus funciones logísticas de apoyo a la fuerza.
 

Niños y militares, simbolizan la ilusión y la fuerza para seguir caminando juntos en un entorno de respeto y libertad, garantizado por la bandera que ondea a la puerta del Palacio. Es el símbolo de todos los españoles y los colores que nos definen como pueblo. Defenderla será siempre nuestro mejor proyecto y a su servicio siempre encontrarán a los reservistas, poniendo siempre en ello nuestros mejores recursos.

 

María de las Mercedes Pordomingo Esteban

Alférez RV destinada en la IV SUIGE 


 

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