" TAL PARECE QUE DIOS ES ESPAÑOL" : HISTORIA DE LA PATRONA DE INFANTERÍA

07.12.2017 12:32

 El 7 de diciembre de 1585, el Tercio Viejo de Zamora del Maestre de Campo Francisco de Bobadilla combatía por España y la Fe católica en Holanda durante la guerra de los Ochenta Años. La isla de Bommel, situada entre los ríos Mosa y Waal, era el reducto defendido por el Tercio Viejo, bloqueado por completo por la escuadra del Almirante Holak. Cinco mil hombres guarnecían la isla, “cinco mil españoles que eran a la vez cinco mil infantes, y cinco mil caballos ligeros y cinco mil gastadores y cinco mil diablos”, como dijera de ellos un almirante francés. 

El bloqueo se estrecha cada día más; ya no quedan víveres, ni pertrechos de guerra, ni ropas secas. Sólo frío y agua y barro y desesperanza. Alejandro Farnesio, el gobernador de los Países Bajos, envía unos refuerzos que nunca llegan. Los maestres Carlos Mansfeld y Juan del Águila tratan, en vano, de socorrer a los sitiados; no hay esperanzas de auxilio.

El jefe enemigo propone entonces una rendición honrosa. La respuesta de Bobadilla es inmediata: “Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos”. Ante tal respuesta, Holak recurre a un método en este conflicto para acabar con la resistencia española, abrir los diques de los ríos para inundar el campamento español.

Como las aguas del Mosa discurrían por un canal más alto que el terreno ocupado por los soldados, abre una enorme brecha en el dique y las aguas se precipitan sobre el campamento del Tercio, que pronto se ve rodeado de ellas por todas partes, no queda más tierra firme que el montecillo (apenas cincuenta metros) de Empel, donde, abandonando impedimenta y pertrechos, han de refugiarse los soldados, so pena de perecer ahogados.

En esta situación, un soldado del Tercio cavaba una trinchera “más para tumba que para guarecerse” cuando tropezó con un objeto de madera allí enterrado. Era una tabla flamenca en la que estaba pintada, en vivos colores, la Inmaculada Concepción.

      

Comenzó el soldado a gritar y acudieron sus compañeros que, colocando el cuadro sobre la bandera española, a modo de improvisado altar, cayeron todos de rodillas entonando el Salve. El Maestre Bobadilla, considerando el hecho como señal cierta de la protección divina, arengó así a sus soldados. “¡Soldados! El hambre y el frío nos llevan a la derrota, pero la Virgen Inmaculada viene a salvarnos. ¿Queréis que se quemen las banderas, que se inutilice la artillería y que abordemos esta noche las galeras enemigas?” “¡Si queremos!”, fue la respuesta unánime de aquellos españoles.

 

Aquella noche el ejército español fue obsequiado con un viento intenso y frío, completamente inusual. De ese modo, las aguas del río Mosa se helaron y los hombres de Bobadilla, al amanecer del día 8 de diciembre, pudieron atacar por sorpresa al enemigo. La victoria española fue contundente: destruyeron 10 navíos holandeses e hicieron prisioneros al resto. El almirante Holak exclamó “Tal parece que Dios es español al obrar tan grande milagro

Aquel mismo día, entre vítores y aclamaciones, la Inmaculada Concepción es proclamada patrona de los Tercios de Flandes e Italia, la flor y nata del ejército español, y actualmente lo es de la Infantería española.    

 

 

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