LA LEGIÓN CUMPLE 96 AÑOS

20.09.2016 11:44

Las primeras décadas del siglo XX no fueron en absoluto buenas para España. De un plumazo, en dos guerras en dos extremos del mundo, acababan de desaparecer los últimos vestigios de lo que durante siglos había sido uno de los imperios más poderosos de la historia. A las puertas de casa, en Marruecos, las derrotas militares iban debilitando unas posiciones en el norte de África poco salvables pese a la heroica actuación de muchos militares españoles.

En una de esas guerras, en Filipinas, había destacado un joven oficial, José Millán Astray, que con apenas 17 años y junto a una treintena de soldados de reemplazo había mostrado una valentía sin precedentes en la defensa de la localidad de San Rafael, donde habían sido atacados sin descanso por una fuerza de indígenas tagalos infinitamente mayor. Aquella actuación traería consigo su primera condecoración: la Cruz de María Cristina.

De aquella primera experiencia bélica sacó el entonces teniente Millán Astray una idea que nunca se le iría de la cabeza. Pese a la valentía de muchos de los soldados españoles de reemplazo, se hacía necesario que España contase con una fuerza compuesta por militares profesionales capaces de ponerse en la primera línea de batalla. Todos con una formación militar específica que no podían tener los soldados procedentes del reclutamiento obligatorio.

La idea continuó desarrollándose en su cabeza durante varios años, al mismo ritmo que las tropas españolas iban encadenando derrotas en el norte de Marruecos, donde los jóvenes soldados de reemplazo no podían aportar más que ilusión y ganas, cuando la moral aguantaba, a los constantes envites de unos rebeldes que conocían el terreno a la perfección y no paraban de castigar las mal planificadas posiciones militares españolas.

Ya con el empleo de comandante, en 1919, Millán Astray desarrolla su idea de crear una unidad militar profesional de choque. Su referente no es otro que la Legión Extranjera francesa, que tan buenos resultados había proporcionado al país vecino en una Primera Guerra Mundial que había terminado hacía pocos meses. Su prestigio militar hizo que su idea corriera como la pólvora en el estamento militar, hasta el punto de llegar a oídos del rey Alfonso XIII.

Unos meses después, el 5 de septiembre de ese año, un Real Decreto firmado por el Monarca español enviaba en comisión de servicios al comandante Millán Astray a Argelia, con el objetivo de "estudiar el régimen y los fundamentos" del "Regimiento de la Legión Extranjera" francesa. El informe remitido a su vuelta al Estado Mayor Central fue enviado al Alto Comisario en Marruecos, el general Dámaso Berenguer, que se mostró "ferviente partidario" de esos Tercios Extranjeros.

El 28 de enero de 1920 se aprobó un Real Decreto con el siguiente texto: "Con la denominación de Tercios de Extranjeros se creará una unidad militar armada, cuyos efectivos, haberes y reglamento por el que ha de regirse será fijados por el Ministro de la Guerra". Los únicos requisitos que quedaron establecidos para poder alistarse, se fuera español o extranjero, fueron estar "sanos, fuertes y aptos para empuñar las armas".

 

Los Tercios Extranjeros empezaron con un éxito inesperado, tal y como relató el propio Millán Astray en su libro La Legión, publicado en 1923: "Habíamos sufrido un error de cálculo al pensar en los hombres que se habían de presentar. Creíamos que vendrían poco a poco, por grupos de ocho o diez al día, y que luego, con el conocimiento por la propaganda, vendrían más; pero no pensamos en la explosión, y fue que en tres días se habían reunido cuatrocientos. No había que dudar, y se dijo 'que vengan'".

Según se van incorporando los voluntarios se inicia la instrucción en la denominada posición A2, situada en las proximidades de la ciudad de Ceuta y verdadera cuna de La Legión. La preparación de la tropa es doble, por un lado se adiestra a los voluntarios en el combate y en la instrucción de tiro; por el otro, se insiste intensamente en la disciplina y el orden interno.

El 20 de septiembre de 1920 se considera oficialmente la fecha de nacimiento de la Legión, ya que fue ese preciso día cuando se alistó el primer legionario. Ya desde los primeros instantes de su vida la Legión empezó a adquirir su fisonomía peculiar, con la su alusión a las viejas glorias de la Infantería española, con el título de Caballero otorgado por el Jefe Fundador a todos los legionarios, con la energía en el saludo y, sobre todo, el “Credo Legionario”, código de conducta dictado por el teniente Coronel Millán Astray que constituye la base espiritual de la Legión.

El 21 de octubre de 1920, un mes y un día después del nacimiento oficial de La Legión , se produce la primera Jura de Bandera, utilizando para ello la Enseña Nacional de regimiento Ceuta Nº 60.

Unos días después, el 3 de noviembre, la I Bandera se dirige a Uad Lau, en el sector occidental del frente de la denominada Guerra del Rif (1911-1927) o Segunda Guerra de Marruecos.

 

La Legión entraba así por primera vez en combate.

La Legión se consolida como la mejor Unidad militar de España tras el socorro al Melilla en 1921. El discurso del Teniente Coronel-Millán Astray al desembarcar sigue siendo recordado en la ciudad: “Melillenses, os saludamos, es La Legión que viene a salvaros. Nada temaís, nuestras vidas os lo garantizan. Melillenses, los Legionarios venimos dispuestos a morir por vosotros. Ya no hay peligro”.

Es importante el recordar que, tras este discurso, se dispara la euforia en la ciudad de Melilla, donde, hasta ese momento, la población tenía miedo e incluso pensaban que iban a ser “pasados a cuchillo” por el enemigo al asaltar la ciudad.

Entre 1920 y 1927 pasa de ser un experimento militar a convertirse en una fuerza totalmente consolidada. Así, La Legión recibió su primera Bandera de combate en Dar Riffien el 5 de octubre de 1927, en un acto que estuvo presidido el rey Alfonso XIII y en el que actuó como madrina la reina Victoria Eugenia

La Legión, junto con los Regulares, es la Unidad con más bajas en combate en la guerra de África.

Lucharon 14.000 legionarios españoles y extranjeros que combatieron sin tregua en 893 hechos de armas. Murieron 115 Jefes y Oficiales, 1.885 clases y legionarios. 2.000 muertos en total. Fueron heridos 326 Jefes y Oficiales y 6.096 clases y legionarios, lo que da un total de 8.096 bajas entre septiembre de 1920 y julio de 1936.

Durante la Guerra Civil, La Legión participó en 3.042 acciones de guerra, en la que por sus acciones fueron concedidas 7 Cruces Laureadas de San Fernando colectivas, 17 Medallas Militares colectivas, 7 Cruces Laureadas de San Fernando individuales y 155 Medallas Militares individuales.

Acabada la contienda interna, vuelve a su base en el norte de África de la que no se movió hasta 1956, cuando es desplegada en el Sahara Occidental.

Este territorio, que según la legalidad internacional está todavía bajo administración española, fue abandonado el 11 de enero de 1976, día en el que embarcaron en el puerto de Villa Cisneros los últimos legionarios.

IV Tercio Sahariano Alejandro Farnesio (Villa Cisneros)

 

La Guerra de Yugoslavia en 1992 fue el punto de inflexión para una nueva España democrática que se abría al mundo y cuya influencia se debía plasmar también a través de la denominada diplomacia de Defensa. El 14 de septiembre, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, aprobó el envío de una misión humanitaria a Bosnia-Herzegovina. El 4 de noviembre, la Agrupación Táctica "Málaga" zarpaba hacia los Balcanes iniciando así la participación de La Legión en las misiones internacionales y de todas las Fuerzas Armadas españolas.

Desde ese momento, los legionarios han participado en cuantas misiones han sido requeridos, en Albania (Operación Alba, OSCE),  Kososvo (KFOR, OTAN),  Macedonia   (Operación Cosecha Esencial, OTAN), Irak (Operación I/F, Coalición Multinacional), Afganistán (ISAF, OTAN), República del Congo (Operación Echo-Charlie, Monuc), Líbano (Operación Libre Hidalgo, UNIFIL) y Mali (EUTM Mali, Unión Europea).

En todas ellas han dejado patente que la modernidad de sus medios y de sus tácticas, es compatible con el valor de los viejos tercios. Su historia, que comenzó hace 96 años, es el pilar donde se cimentan las nuevas filas de legionarios, que fieles a su espíritu y a su Credo se constituyen entre las mejore fuerzas de la élite de nuestro Ejército.

Hombres y mujeres del siglo XXI que siguen haciendo suyo la letra de su viejo himno:

Donde el caído lloró angustiado,
donde el hermano la vida dio,
donde traiciones piden venganza,
vuestra bravura siempre acudió. 

 

 

 

 

 

 

 

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